EL NIÑO SIN VOZ

Hoy se parece mucho al ayer.  

Hace mucho mucho, casi como el día de hoy, un niño se encontraba fuera de un colegio mirando una puerta grande, otra vez y como otras veces,  otra vez tomó aire para no tener que abrir la boca y tomar fuerzas para hablar.

El niño pasó rápidamente, sin mirar hacia atrás ni ver a los lados. Estando así pasaron varios días. Y aunque no se sentía feliz, sentía alivio por no estar desesperado.  

En una mañana de colegio, otro niño le preguntó. - ¨ ¿Oye niño, qué tienes?¨ ¨ ¿No sabes hablar?¨ .Al no tener respuesta, el niño se acercó de pronto, tomó al niño sin voz de los hombros y sacó su lengua. El niño sin voz, lo miraba con los ojos muy abiertos sin decir palabra, mientras que el otro niño lo sacudía y le gritaba.¨ ¡Mira, hazlo tú!¨ ¨ ¡Vamos! ¡Hazlo! ¡Hazlo!¨. Un grupo de niños lo siguieron y gritaban juntos ¨ ¡Hazlo! ¡Hazlo!¨.

El niño sin voz, apretó muy fuerte su boca y sus ojos, mientras lo hacía, recordó que otras veces pudo salir de los problemas si no decía nada y esperaba que se cansaran de intentar hacerlo hablar. Quieto muy quieto. Como así lo pensó, el niño sin voz, después de un momento el otro niño se cansó de intentar sin respuesta y se fue. Lejos de presión.  

 De vuelta a casa, en ese camino largo el niño sin voz no pensó en lo que había pasado durante la mañana, lo dejo pasar en sus pensamientos. En realidad, pensaba si esta vez sus padres lo verían en verdad, incluso sabiendo la respuesta pensó, quizá esta vez hablen conmigo.  

 

Así es un buen niño. Al llegar, el niño esperó a que lo llamaran a cenar como todos los días. En la sala del comedor se hallaba una mesa cuadrada cubierta de un material parecido a la gamuza guinda. El Papá, muy atento él, se sentó frente al niño sin voz y su Madre, muy elocuente ella, entre ellos dos. Estando ya sentados,  sin que el  niño sin voz se diera cuenta, en el reflejo de su cuchara echada hacia abajo se veía una curva rara en el borde de su boca. No estuvo ahí por mucho. Su Papá como cualquier otro día le preguntó al niño sin voz – ¨Hijo, ¿cómo estuvo tu mañana?¨ mientras que el niño tomaba una bocado de arroz para responder a su Papá. La Mamá, muy elocuente ella, respondió - ¨seguro le fue bien, no hemos recibido llamada de quejas así que debe estar todo bien.¨ y termino preguntando - ¨ ¿Todo bien, sí o no? ¨ .El niño sin voz, pasó su última masticada de arroz, miró a su Papá, abrió y abrió lo más que pudo sus ojos con la esperanza de que pudiera ver en ellos lo que no sabía cómo explicar. La Mamá estiró su brazo y posó su mano derecha en el hombro del niño sin voz, diciendo - ¨No lo molestes más, él es un niño que no habla mucho, es tímido, es bueno así. No lo ves, no dice nada porque no ha pasado nada malo¨. Ante las palabras de su Mamá, muy elocuente ella, el niño sin voz, asintió moviendo la cabeza lentamente de arriba hacia abajo mientras se llevaba otra cuchara de arroz a su boca. Mirada fija o... ¿pérdida? Sus Papás se sintieron aliviados de haber hecho las preguntas y todos continuaron comiendo como ayer y los días anteriores a ellos.  

 

Se oyen pájaros cantar. El sonido no desaparece pronto. Otro día se asomaba y el niño sin voz se despertó muy temprano solo para ver como las hojas de los árboles caían lento lento, sin prisas. Miraba también, las orugas posadas en las hojas grandes debajo de las mariposas. Se preguntaba, ¿cuánto tiempo les habrá tomado convertirse en una mariposa?, pensaba si tuvieron miedo al volar, después de estar mucho tiempo usando solo sus patas. Y es que el niño sin voz pasó mucho tiempo usando las voces de sus  Padres que había olvidado como es hablar con otra persona que no fuera el mismo y más que eso; una mañana  muy parecida a la de hoy, el niño sin voz acostado aún en su cama bajo las sábanas recibe una visita del miedo y este le pregunta si puede quedarse con él. El niño sin voz amablemente le respondió ¨- Puedes quedarte el tiempo que necesites¨  El miedo y él no volvieron a hablar desde ese día. El miedo encontró refugio.  

 

Esa misma mañana. Listo, frente a la puerta del colegio el niño sin voz volvió a tomar mucho aire y con un fuerte respiro entró sin ver qué o quién, miró su asiento al final de su carpeta y se sentó. Los minutos pasaron cómodamente, así como los días uno a uno sin ningún problema y como si fuera una copia del día de ayer. Los otros niños no se acercaron más después de ese día, las cenas eran las mismas y las preguntas también, el niño sin voz seguía siendo como dijo su muy elocuente Mamá, un niño bueno y tímido. Y así estaba ¨bien¨.

Pasó a paso por el camino de árboles grandes y cantos que vienen del mismo aire. El niño sin voz, de camino a casa llevaba una hoja verde y otra anaranjada  casi mezclados como en acuarelas de color amarillo y rojo. Observando sus tonos. Tomó una pausa. De pronto casi sin esfuerzos escuchó gritos, rápidamente, resonaron en sus recuerdos y de pronto se hicieron más y más altos. El niño sin voz, dudo un momento. Había llevado cómodamente sus días, lejos de esas voces intimidantes, de miradas que le gritaban.  Como de costumbre siguió sin mirar qué o quién, pero esta vez caminaba muy lento, deseaba no escuchar esos gritos, pero eran muy cercanos, solo trataba de pensar en otra cosa cuando de prisa escuchó - ¨ ¡No seas lento!¨. El niño sin voz, corrió sin detenerse atraído a esas voces que cada vez eran más fuertes - ¨ ¡¿Por qué no vas rápido?!¨ ¨ ¡Responde!¨ ¨Ve más aprisa¨ no se detuvo a mirar bien las caras de las personas que gritaban porque sabía muy bien de quiénes se trataban.  

 

Cuando estuvo cerca de ellos, fue como si el miedo hubiera ayudado al niño sin voz y se hubiese ido a sus piernas dándole la fuerza para no pensar en detenerse. De pronto el niño sin voz ya frente a frente a los dos otros niños, observó a dos tortugas pequeñas sobre una roca grande, y gritó - ¨ ¡No los obliguen!¨ ¨Ellos no hablan porque no pueden, no porque no quieran. No entienden los gritos¨ ¨Solo van a su paso, no irán ni más rápido o lento¨ Con lágrimas en los ojos, con el miedo ya no hospedado en su boca o sus piernas, sino en el corazón. El niño sin voz  sentía como temblaba como si desde ahí, el miedo, con lágrimas en los ojos, hiciera puños a sus manos y los golpeara contra su cálido y caliente corazón repitiendo ¨No los obliguen, por favor.¨  Claro que sentía miedo, pero no solo eso, ahora sentía también valor. No solo para hablar sino para explicar lo que sentía. - ¨Las tortugas no van de prisa, simplemente porque no tienen la necesidad de ser rápidas.¨ Porque mejor no en lugar de hacerlas ir a su paso, intentan comprender porque van a ese ritmo intentando ir al suyo. Los otros dos niños no dijeron nada, solo abrieron bien sus ojos. Mientras el niño sin voz no se movía, no se iba, y no quitaba la vista de ellos. Sus ojos ya no estaban gritando, ahora solo sentía alivio, pero este sentir no era el mismo. Ha cambiado. Y casi de repente, el miedo con una sonrisa, envuelto en una gota salada, casi tibia, lo veía cada vez más grande.  

 

Él está ahí. El sentimiento persiste. El niño sin voz, notó algo raro en él. Durante la noche quiso contarle a su huésped que había sucedido, pero este ya no estaba. Sintió pena, y pensó  ¨ Espero, miedo no estés muy lejos y estés bien¨ ¨Quisiera que estuvieras aquí¨. El niño sin voz no lograba echar su cabeza de lado y hacer de él una media luna dormilona. Como otras veces, cerró fuertemente sus ojos y los abrió de pronto. No estaba ahí. Sus párpados bajaron lentamente y se detuvieron a la mitad observando la luz de la luna reflejarse por su ventana. Estuvo así hasta que llovió. Hacía mucho frío.  

El niño sin voz, salió de su cama y aún envuelto con su manta azul color del cielo de un día feliz, la arrastró hacía la esquina de esa luz pidiendo como si estuviera en la hora de cena de navidad cuando su Mamá, muy elocuente ella, decía -¨ Pidamos por esas personas que ya no están con nosotros ahora, y recemos por su bienestar que desde dónde se encuentren tomen los caminos buenos y regresen con quienes compartieron momentos buenos y malos ¨ Pensó también, en lo que su Papá esa noche buena, muy atento él, dijo - ¨Agradezcamos el tiempo que estuvieron con nosotros, agradezcamos su ayuda, agradezcamos que sean como fueron sus enseñanzas¨.  

El niño sin voz, dijo - ¨Hoy por ti quiero continuar con las manos juntitas¨. Cerrando los ojos y escuchando solo las gotas de lluvia dijo, - ¨Gracias por estar ese día conmigo¨ ¨Gracias por presentarme a mi nuevo huésped, es lindo conmigo ¨ ¨Gracias por ayudarme a escuchar mi voz¨ ¨Vuelve cuando quieras, te estaré esperando para sentarme a la orilla de la cama antes de dormir, para tomar aire antes de pasar por esas grandes puertas, para hablar con los demás, para tomarte del brazo y decir lo que siento ¨. Amén.  

Los días continuaron y ya no se parecían, ya no eran tan cómodos. Los días pasaron, pero no pasaron por encima del niño sin voz.